“Cuando Filomena no sabía que hacer durante la pandemia para dar de comer a su nieta Jheymi de 14 años, el programa de la iglesia implementó un taller de habilidades para que aprenda a plantar un biohuerto hermoso y floreciente en su casa.”

Cuando Jheymi tenía sólo 8 meses, su madre se fue y su padre empezó otra familia. Así, su abuelita Filomena se convirtió en su cuidadora principal y la ha criado desde entonces. Pero, aunque trabajaba duro vendiendo jugos de frutas en su comunidad, no era suficiente para suplir sus necesidades.

 

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Cuando llegó la pandemia, Filomena ya no podía vender sus jugos. “Fue un golpe muy duro. Oramos al Señor y creímos que de alguna manera nos iba a ayudar. No teníamos mucho, y ahora ya no podía salir a trabajar,” dice Filomena.

 

En medio de esta situación desesperante, Filomena tuvo una idea de parte de Dios. “No podemos estar sin comer. Vamos a empezar a plantar verduras aquí,” le dijo a Jheymi. Entonces, Filomena aplanó y preparó la tierra del jardín que estaba lleno de montículos, se agenció para comprar algunas semillas, y comenzó a plantar verduras. Sin embargo, pronto se dio cuenta que no iba ser tan simple como pensó.

 

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“Había visto y oído a algunas amigas sobre biohuertos,” dice Filomena. “Teníamos que ir al mercado y pedir residuos de comida y de fruta para hacer el abono y llevar las bolsas a casa. También teníamos que cargar baldes para regar las plantas cuando no llovía. Necesitábamos ayuda,” dice, suspirando.

 

Afortunadamente, cuando Jheymi tenía 4 años, fue inscrita en el programa de patrocinio de Compassion. Desde que la pandemia empezó, el programa ha estado proveyendo canastas de alimentos mensuales a las familias y también ha estado buscando otras formas para apoyarles. Entre los talleres que organizaron para ayudar a las familias a generar un ingreso extra, estaban los biohuertos. Obviamente, este fue el taller elegido por Filomena.

 

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 “Nunca me perdí una clase. A pesar de mi edad, quiero seguir aprendiendo y hacer que mi jardín se vea mejor. Esto es un aliento para mí, y me da la valentía para seguir adelante,” dice.

 

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Las cosas estaban mejorando para Jheymi y Filomena. Ahora tenían verduras frescas y orgánicas en casa y también empezaron a vender el excedente a los vecinos.

 

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“¡Estoy tan agradecida por esta ayuda! Me enseñaron a hacer surcos para la irrigación, a organizar las pequeñas parcelas, y cómo cercar las plantas con redes para protegerlas,” dice Filomena con entusiasmo.

 

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El nuevo jardín le dio a Jheymi una razón para sonreír otra vez. “La gente ya sabe sobre nuestro jardín, vienen a comprar verduras todos los días. Hubo momentos donde teníamos que pedirles que regresen en un par de días porque las verduras no estaban listas aún,” dice Jheymi, sonriendo.

 

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He recibido mucha ayuda de parte del programa de la iglesia y de mi madrina todos estos años, especialmente durante la pandemia. Estoy muy agradecida por todo lo que han hecho por nosotras,” dice Jheymi.

 

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“Ya no tengo que gastar dinero comprando muchas semillas ni sufrir cargando esas bolsas pesadas del mercado. Las hermanas de la iglesia siempre han sido amables y amorosas con nosotras. Son buenas personas, y hasta han venido a comprar verduras frescas de nuestro jardín,” dice Filomena, sonriendo. “¡Gracias por todo! Las puertas de mi hogar y mi jardín están siempre abiertas para ustedes.”

 

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  “Entonces sabrás que yo soy Jehová; Yo nunca desfraudo a los que esperan en mí.”

Isaias 49:23