“Cuando Jheison de 14 años y su madre Mariluz pasaron por el sufrimiento y trauma de perder a su padre, el programa de Compassion intervino para levantarlos emocionalmente, espiritualmente y hasta financieramente, proveyéndoles una semilla capital para un negocio en casa.”

Con sólo 14 años, cada día, Jheison se levanta muy temprano, cuando los postes de alumbrado público aún están encendidos. Ya bien despierto corre a la cocina a preparar el desayuno. Su mamá, Mariluz, ya está en el mercado comprando verduras para la tiendita que tienen. Jheison desayuna y avanza sus tareas, y cuando llega la hora, entra a clases desde su celular. Cuando su mamá regresa, la mañana se pasa rápido entre sus clases y atendiendo clientes que vienen a comprar. Es una vida agitada, pero Jheison no tiene quejas: ahora tiene consuelo y esperanza para un futuro mejor luego de una temporada muy difícil.

 

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Por muchos años, el padre de Jheison tuvo diferentes trabajos en construcción y costura. Su madre Mariluz trabajaba pelando ajos por kilo para los vendedores del mercado, haciendo labor física para la municipalidad, y en una fábrica envolviendo paquetes de galletas. Aún así, era difícil conseguir lo suficiente para sostener el hogar.

 

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Desafortunadamente, el papá de Jheison, que ya tenía un tiempo enfermo, empeoró durante la pandemia. Su diagnóstico: cáncer de colon avanzado.

 

“Tuve que dejar de trabajar para cuidar a mi esposo” dice Mariluz. “Su empleador ayudó con parte de su tratamiento, pero ni con eso era suficiente. Me sentí sin esperanza. Y también sentí que había abandonado a mi hijo porque estaba en el hospital todo el tiempo…Mi esposo necesitaba sangre, pero nadie quería donar porque la gente tenía miedo de contagiarse con el virus. No había doctores o enfermeras disponibles. También tuvieron que parar la quimioterapia porque los pacientes de COVID-19 tenían prioridad. Estábamos desesperados. No sabíamos que íbamos a hacer, y no teníamos nada,” agrega Mariluz, con la voz entrecortada.

 

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A pesar de las circunstancias desafiantes, Jheison y su madre encontraron la ayuda que necesitaban urgentemente en el programa de la iglesia. Gracias al apoyo del programa y al Fondo para Niños Altamente Vulnerables – HVC, ellos recibieron canastas de alimentos mensuales. A pesar de que Jheison estaba solo en casa mientras su madre cuidaba a su padre en el hospital, el personal del programa nunca dejó de estar pendiente de él.

 

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“Nunca me sentía solo con las llamadas de mi tutora. También me ayudaron con datos para mi celular para poder entrar a internet y hacer tareas. Siempre han velado por nosotros,” dice Jheison.

 

Cuando su padre finalmente falleció en el 2020, el programa también proveyó apoyo psicológico para él y su madre, y así ayudarlos en el proceso de luto y aflicción. Pero fue durante este tiempo tan complicado que Mariluz encontró esperanza eterna y consuelo para su alma.

 

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“A veces no creía lo que la gente de la iglesia me compartía sobre Dios, pero cuando mi esposo empeoraba más, corrí hacia Dios, y Él me consoló y me dio paz,” dice Mariluz. “Inclusive en esos meses difíciles y momentos de desesperación, y al ver a mi esposo tan enfermo, sentí a Dios abrazándome, diciendo: ‘Tranquila, todo estará bien. Y antes de morir, mi esposo hizo a Cristo su Señor y Salvador. Dios es bueno,” añade Mariluz con una sonrisa en el rostro.

 

Después de todo lo que Jheison y su madre habían pasado, no tenían una fuente estable de ingresos – pero esto pudo cambiar también cuando el programa proveyó una semilla capital para un pequeño negocio en casa.

 

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“No sabía lo que me estaban ofreciendo al principio. Simplemente estaba agradecida de intentar algo nuevo,” dice Mariluz, sonriendo.

En unos meses, Jheison y Mariluz empezaron a ver el fruto de su arduo trabajo. El pequeño estante rojo con unas cuantas verduras se ha convertido en una tienda floreciente con muchos productos que ahora venden a clientes que no dejan de venir. Ellos han trabajado duro, y Dios ha bendecido la obra de sus manos. No podrían estar más agradecidos a Dios y al programa de la iglesia por su apoyo y amor constante.

 

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“Gracias a la tienda, mi mamá ya no me deja solo. Estamos avanzando juntos. Gracias a las ganancias, mi mamá recientemente instaló internet en la casa para poder hacer mis tareas. Quiero ser ingeniero de sistemas en el futuro. ¡Estoy muy agradecido!” dice Jheison, sonriendo.

 

“No sé cómo agradecerles,” dice Mariluzcon lágrimas en los ojos. “No sabía cómo iba a mantener a mi hijo. Si tuviera un trabajo normal, tendría que dejarlo otra vez. Es adolescente, y estoy feliz de poder pasar más tiempo con él ahora. Cuando no tenía la tienda, sólo pensaba en mi esposo, pero este es un nuevo comienzo para nosotros, un alivio, y una gran bendición. ¡Gracias!”

 

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  “Entonces sabrás que yo soy Jehová; Yo nunca desfraudo a los que esperan en mí.”

Isaias 49:23