“La familia de Anthony de 7 años fue terriblemente impactada por la pandemia del coronavirus. Sin embargo, durante estos tiempos desafiantes, héroes se han levantado. El programa de la iglesia intervino y acudió a su rescate, inclusive apoyando al comedor en la comunidad de la mamá de Anthony.”

 

La llovizna del invierno ha enlodado las calles y los cerros en el barrio de Anthony de 7 años otra vez. Es común que la ciudad capital de Perú esté cubierta de nubes y neblina en esta época del año.

 

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Temprano por la mañana en la casa de Anthony, su madre Luz está en la cocina, buscando entre los cajones. Ella espera encontrar algo más que pan para darle desayuno a él y a su hermana mayor. Su esposo Rolando ya salió de la casa a buscar trabajo.

 

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En un buen día antes de la pandemia, el padre de Anthony ganaba un promedio de 40 nuevos soles al día como mototaxista. Luz limpiaba casas dos o tres veces a la semana. Ella tenía que movilizarse por dos horas sólo de ida en transporte público y sólo ganaba 35 nuevos soles al día.


Cuando ya estaban luchando para mantener a la familia, una crisis llamada COVID-19 irrumpió en todo el mundo, afectando a los más pobres de la manera más dura. “Esta pandemia realmente nos tomó a todos por sorpresa. Al comienzo pensábamos que era una broma o algún problema político. Nadie podía creer lo que estaba sucediendo. No teníamos ahorros, sólo lo suficiente para una semana más de comida. Lo único que pensé es que tenemos que hacerlo durar,” dice Luz.

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Los desafíos de esta familia se replican en toda la ciudad de Lima y en todo el país. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, la pobreza ha aumentado en un 10% en el 2020, empujando a más de 3 millones de personas a la escasez, creando una crisis sanitaria y financiera continua.


Esta pandemia había venido a cambiar la vida de la gente para mal, para llevarse la comida de sus mesas y para robar la esperanza y las sonrisas de sus rostros.

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“Esto también nos afectó emocionalmente. Teníamos cuarentenas obligatorias así que no podíamos salir de la casa. La gente tenía tanto miedo de contagiarse. Era preocupante. Anthony no podía salir a jugar ni ir al colegio. Se fastidiaba, y lloraba mucho. Todo eso me ponía triste. Estaba preocupada y me sentía impotente,” dice Luz.

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Afortunadamente, Anthony fue registrado en el programa de la iglesia, lo cual significaba que él y su familia no tenían que enfrentar esta lucha solos. Desde que la pandemia empezó, el programa ha sido una fuente constante de ayuda y esperanza, no sólo para Anthony y su familia sino para todos los 133 niños y sus familias a quienes sirven en esta parte del país.

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Como un héroe que encuentra la fortaleza para perseverar frente a los obstáculos y lo desconocido para ayudar a aquellos en necesidad, los voluntarios de la iglesia y el personal del programa vinieron al rescate. Ellos se aseguraron de que cada niño y su familia estén cuidados durante este tiempo desafiante.

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También ayudaron a otros héroes locales, incluyendo a la madre de Anthony, quien juntamente con los vecinos empezaron un comedor. El comedor se apoya en donaciones para servir por lo menos una comida al día a las personas que pueden contribuir con víveres o pagar un monto simbólico de 3 nuevos soles.

 

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“Hay tanta necesidad donde viven estas familias, y también nos afectó a todos. Nadie se imaginó todo esto,” dice la directora del programa, Ydania. “Compassion nos ha estado ayudando a darle una mano a todos nuestros niños y sus familias con canastas de víveres. Nuestra iglesia y el pastor han buscado donaciones para el comedor que empezaron en la zona, y también les dejamos usar el local del programa para que tengan agua, sillas, y mesas.”


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Cuando la distribución de alimentos empezó, el programa hizo un horario para que los padres vengan a recibir sus canastas en la iglesia. Cuando las restricciones se redujeron, el personal del programa llevaba las canastas a los hogares de las familias. Aquellos días eran muy emocionantes para Anthony y su tutora Andrea. Todos anhelaban tener una interacción física, y esas pequeñas visitas hicieron una gran diferencia.

 

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“Anthony no me reconocía al principio por la mascarilla, pero apenas escuchaba nuestras voces, corría con emoción y nos daba un abrazo afectuoso, nos decía que estaba bien, y nos agradecía por la canasta,” dice Andrea.


La mamá de Anthony estaba feliz de verlo sonreír otra vez. “Mi hijo siempre me pregunta cuando verá a su tutora otra vez. Extraña mucho ir al programa más seguido. Es el más feliz cuando nos traen las canastas. ‘Mamá, ahora tenemos comida para la cena, ¿no?’ me dice. Todos estamos felices y nos sentimos aliviados cada vez que vienen,” dice Luz.

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El programa ha empezado a reunir a los niños en persona, en grupos pequeños y de manera progresiva una vez a la semana. El personal continúa monitoreando a los niños a través de llamadas y grupos de WhatsApp los días que no se pueden ver en persona.


“Me gusta mucho cuando mi tutora Andrea me llama. Hago mi tarea, veo a mis amigos, y aprendo sobre Dios y la Biblia en el programa. Le pido a Dios que cuide a mi familia, y le doy gracias a la gente del programa por la comida que tenemos,” dice Anthony.

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Algunas familias en la comunidad de Anthony ya han retomado sus labores o pueden salir a buscar trabajo otra vez. Sin embargo, la mayoría aún se apoya en el comedor que han empezado, incluyendo a la mamá de Anthony. “Necesitamos seguir haciéndolo. Acá almorzamos, y estamos agradecidos por las donaciones de diferentes personas, incluyendo al programa,” dice Luz.


“Estamos sinceramente agradecidos por el programa, por esta ayuda y por las canastas. Significa mucho para nosotros. Somos humildes, y tal vez ha sido peor en otros hogares. No lo sé, pero gracias a la madrina de Anthony y todos ustedes, tenemos algo que comer. Gracias por ayudarnos cuando más lo necesitamos. ¡Qué Dios siga dándoles más!”

 

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Gracias al apoyo generoso de los patrocinadores y donantes, Compassion Perú ha podido distribuir casi 928,000 canastas de víveres a niños como Anthony. Las personas que hacen todo esto posible no usan capas, ni tampoco pueden volar ni traspasar muros. Son personas comunes y corrientes con un Dios extraordinario, y ese es su súper poder.


Las iglesias socias de Compassion en Perú han actuado como héroes frente a una de las crisis más grandes que el mundo ha conocido, velando por cada niño y familia puestos a su cuidado y siendo las manos y los pies de Cristo. Este equipo está conformado por héroes, y los héroes no se pueden esconder en la oscuridad.

 

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  “Pero el que persevere hasta el fin, se salvará.”

Mateo 24:13