“Mientras Brisaida de 3 años jugaba alegremente con sus amiguitas en casa, se cayó de un segundo piso. La asistencia del sistema de salud pública no fue suficiente. Los padres no supieron que hacer hasta que el centro de Compasión intervino y proveyó la ayuda que necesitaban.”

Natalia, una joven madre, ya había experimentado el dolor de perder a una hija: su bebé Flor, de 4 meses, murió en un accidente. Por eso, su otra hija Brisaida, era aún más preciosa para ella, pero no esperaba lo que sucedería después.

 

Una mañana, mientras Natalia hacía sus quehaceres, Brisaida, de 3 años, estaba jugando con unas amiguitas, cuando de repente, a la madre la golpeó el silencio dentro la casa. Cualquier padre sabe que la ausencia de ruido no es una buena señal con niños; Natalia salió corriendo y lo que vio la dejó paralizada: la pequeña Brisaida se había caído del segundo piso de la casa.

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No había sangre, pero la niñita no reaccionaba. “Se estaba poniendo morada, cuenta Natalia, con lágrimas en los ojos, la sacudí un poquito, pero no respondía. No sabía qué hacer. Estaba desesperada.”

 

Natalia llevó apresurada a Brisaida a la posta médica. De camino allá, la niña abrió los ojos. “Me miró, pero no dijo nada. Sólo le di un beso en la frente y le agradecí a Dios que estaba viva,” dice Natalia. “No quería perder a otra hija.”



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En la posta, le dijeron que Brisaida necesitaba una atención especializada que ellos no podían proveer. Además, el hospital estaba lleno de gente con los pacientes COVID-19.

 

Cuando Cesar, el esposo de Natalia y padre de Brisaida llegó, al inicio no se le permitió entrar. Y ese no fue el único problema. “Los doctores eran tan indiferentes y fríos. Entraban y salían de su habitación, pero no me daban una respuesta directa. Sólo quería saber la condición de mi hija.” dice Natalia.

 

Después de un par de días de incertidumbre, Brisaida fue dada de alta. La aflicción de Natalia fue tan grande al inicio que no se le ocurrió recurrir a las personas que ya la habían ayudado fielmente: el centro de Compasión Rayitos de Luz. Desde que comenzó la pandemia han ayudado a la familia con canastas de víveres, kits de higiene, útiles escolares y hasta ayuda psicológica. Ruth, la directora del proyecto, la tranquilizó asegurándole que harían todo lo que esté a su alcance para ayudar a Brisaida

 

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Un día después del alta, la niña empezó a quejarse de dolores de cabeza y vomitó dos veces. Ante estos síntomas alarmantes, el centro contrató a un vehículo privado para llevar al hospital a Natalia, a la pequeña Brisaida y a Ruth. Como no había un doctor disponible cuando llegaron, tuvieron que regresar al día siguiente.

 

Fue una noche larga para Natalia. El ojo de Brisaida seguía morado por la caída y se le veía como que estaba adolorida. “Había escuchado tantas cosas como fracturas, hematomas, sangre muerta dentro de su cabecita. Sólo quería saber si mi hija se iba a poner bien,” dice Natalia.

Después de manejar por casi una hora al hospital otra vez, los doctores recomendaron una tomografía. Sin embargo, los equipos del hospital estaban malogrados y ahora debía hacerse la prueba en otro lugar. Gracias al Fondo Médico de Compasión, se pudo pagar la tomografía en una clínica privada además del costo del transporte para llegar allí.


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Los resultados de la tomografía mostraron fracturas menores en la cabeza de Brisaida. Afortunadamente, es muy pequeña, y el doctor dijo que sus huesos se volverán a unir con el tiempo. Las preocupaciones de Natalia se fueron.

 

“Cuando dijo eso, finalmente estuve en paz y me pude tranquilizar. No hubiéramos podido lidiar con todo esto solos,” dice Natalia.


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Es verdaderamente un milagro que hoy, Brisaida siga siendo una niña curiosa y llena de energía. Dios no sólo la protegió durante la caída, sino que usó al centro para proveer la asistencia médica que requería y el consuelo y aliento que sus padres desesperadamente necesitaban durante este episodio terrible.

 

“No sé lo que hubiéramos hecho sin el apoyo del centro. Pudo haber sido mucho peor. Estoy tan agradecida que mi hija sigue a mi lado. Mi esposo no es cristiano, pero después de esto, su corazón está más receptivo a las cosas de Dios. Brisaida le pide para que ore con ella, y ahora oran juntos,” dice Natalia, sonriendo.

 

“El centro siempre está con nosotros cuando necesitamos algo. Todos han sido tan buenos con nosotros. Le doy gracias a Dios por ponerlos a ellos y a los padrinos en nuestras vidas,” dice Natalia con lágrimas en los ojos. “Le pido a Dios todos los días que les de salud y trabajo. ¡Gracias por ayudarnos!”


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  “...porque el justo cae siete veces; y vuelve a levantarse,”

Proverbios 24:16