“Larry es un padre soltero que cuida de sus dos hijas, Ariana y Clarita. Un terrible accidente en la carretera lo dejó temporalmente discapacitado. La intervención oportuna del centro le está dando a la familia la ayuda para mantenerse firmes y esperar un futuro mejor.”

“Pensé que iba a morir… los doctores dijeron que es un milagro que esté vivo…”. De esta manera, Larry, un joven papá, cuenta la historia de cómo su vida cambio por completo unos meses atrás. Cuando las cosas parecían mejorar al fin, porque había encontrado un trabajo estable como operador de maquinaria pesada, Larry fue golpeado y atropellado por un camión, dejándolo inconsciente en la pista.

 

“No recuerdo mucho… me dijeron que la policía me levantó y que me llevaron al hospital”, dice Larry. En ese momento no sabía que pasarían más de seis semanas antes de que pudiera regresar a casa y abrazar a sus pequeñas hijas, Ariana de seis y Clarita de cinco años.

 

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Después de 8 operaciones en diferentes partes del cuerpo, e instrucciones específicas del doctor de no hacer trabajo pesado y descansar por 18 meses, Larry estaba muy agradecido a Dios por salvarle la vida, pero preocupado por cómo iba a proveer para su familia a durante todo este tiempo, ya que la madre de sus hijas les abandonó y no tenía alguien para cuidar a las niñas.

 

Entonces, se mudó con su mamá para que ella pueda ayudar, pero aún así no podía trabajar, y sus sentimientos de frustración crecieron. “¡Le preguntaba a Dios por qué! Estaba molesto, triste, y me sentía impotente. Entendía que de alguna manera las dificultades son parte de la vida, pero esto era demasiado. Sentí que mi corazón se había endurecido,” dice Larry.

 

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Afortunadamente, Ariana y Clarita se encontraban inscritas en el centro de patrocinio de Compassion hace tres años. Al inicio, Larry no sabía mucho del programa, excepto que era una ayuda extra para sus pequeñas, pero el personal del centro y sus amigos de la iglesia siempre estuvieron listos para darle palabras de consuelo y aliento.

 

Siempre estuvieron en contacto conmigo, aun cuando estaba en el hospital, haciéndome recordar que siempre me ayudarían, a mí y a mis hijas, emocional y espiritualmente. Estoy muy agradecido por sus corazones y buena voluntad,” dice Larry.

 

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El personal del centro ha visitado fielmente a Ariana y a Clarita, no sólo para animarlas sino para orar por ellas y llevarles canastas de alimentos. La tutora de las niñas también se da el tiempo para compartir una enseñanza de la Biblia mientras está ahí. Esas visitas son usualmente la parte más memorable del día de las niñas.

 

“Soy feliz cuando vienen, y me gusta cuando nuestras canastas tienen yogurt, galletas, y cereal. Aprendí que Dios me ama mucho y que Cristo murió por mí,” dice la pequeña Ariana.

 

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El camino por delante para esta familia aún es empinado, pero gracias a Dios, Ariana y Clarita tienen a su papá. Sus frustraciones, cansancio, y limitaciones no le impiden seguir instruyéndolas por el camino que deben ir.

 

“Le prometí a Dios criar a mis hijas para que lo conozcan a Él. Ellas son mi regalo. Me encanta cuando sus tutoras vienen o llaman y les enseñan sobre Dios. Estoy muy agradecido por eso. Sus visitas, su ayuda y sus palabras de ánimo significan mucho para mí. Me gustaría que vengan más seguido,” dice Larry, sonriendo.

 

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Larry está recuperando las fuerzas poco a poco. Ya puede movilizarse por la casa con sus muletas. Se levanta temprano para orar y dar gracias a Dios por estar vivo y sigue enseñando a Ariana y a Clarita a ser ordenadas, a hacer sus tareas, a limpiar, y a confiar en Jesús. Sus días están llenos del afecto de sus pequeñas, el apoyo de su familia, y él ánimo y la ayuda del personal del centro.

 

“El centro ha estado con nosotros desde el primer día. Su ayuda es muy valiosa para mí. Lo que hacen por nosotros nos hace recordar que Dios nos está cuidando, y que nunca nos deja ni nos abandona. Me hace feliz ver a mis hijas sonreír. Gracias desde el fondo de mi corazón,” dice Larry.

 

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“¡Le doy gracias al centro por traernos víveres!” dice la pequeña Clarita. “Ayudamos a nuestro papito a guardar las cosas, y después le sobamos su pierna para que se sienta mejor. También quiero a mi padrino, y le mando muchos besos.”

 

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  “Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos —le contestaron.”

Hechos 16:31