“El centro de Compassion intervino justo a tiempo para ayudar a Brayan y a su mamá a sobrellevar esta época desafiante. Echemos un vistazo a un día en su vida en la sierra de Perú.”

Las personas que vivimos en la costa no tenemos mucha idea de cómo se desarrolla la vida en las montañas. Para aprender un poco más, hoy vamos a echar un vistazo a la vida de Brayan, uno de nuestros beneficiarios.

 

Brayan tiene 10 años y vive en las montañas del Perú, donde hace mucho frío en esta época del año. Así que Brayan se envuelve la cabeza con la frazada y no se mueve de la cama hasta que su mamá Reyna lo despierta para desayunar leche fresca de vaca, avena de maca y huevos sancochados de corral. Cuando Brayan al fin abandona la cama, el sol ya ilumina ese hermoso cielo serrano y entonces comparte la comida con su mamá y con las otras personas que viven en la casa: su bisabuelo, sus abuelos y sus tíos.

 

En tiempos normales, tras el desayuno muy temprano, Brayan se hubiera aseado con agua fría, puesto su uniforme y abrigándose bien, hubiera caminado diez minutos hasta su colegio para ingresar a las 7:30 am en punto. Pero, con la pandemia, Brayan coge el celular de su mamá y comienza sus clases en su casa. El lado bueno de esta situación es que el niño puede disfrutar de varios cálidos minutos más en su cama.

 

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Como la mayoría de las personas en la comunidad, su familia cría animales y trabaja en los campos y cultivos. Es un trabajo duro, aunque estés acostumbrado. Su mamá es madre soltera y ha tenido que trabajar más duro aún, porque el papá de Bryan está lejos y solo de vez en cuando manda algo para su sustento.

 

“Antes de la pandemia, trabajaba no sólo en las chacras de mis padres y algunos vecinos, sino también lavaba ropa y vendía algunos de nuestros animales. Aun así, no era suficiente. Somos una familia grande, y las cosas eran muy difíciles hasta que la iglesia empezó este programa aquí,” dice Reyna. “Algunas madres pensaban que se iban a llevar a sus hijos. Inclusive me hicieron dudar a mí, pero ahora desearían haber inscrito a sus hijos como lo hice yo”.

 

Las restricciones de la pandemia han impedido que el personal del centro tengas más contacto físico con Brayan. Sin embargo, siempre lo llaman por teléfono, a él y a su familia, les entregan canastas de alimentos, kits de higiene, útiles escolares y los visitan ocasionalmente para tener un tiempo de oración y una enseñanza de la Biblia.

 

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Además de hacer las labores escolares y aprender más sobre Jesús a través de las lecciones del centro y con su mamá en casa, una de las partes favoritas del día para Brayan es ir a la chacra con su mamá o ayudarla a preparar sus platos favoritos como arroz con pollo, ceviche o cuy frito.

 

Cuando termino mis clases, me encanta traer leña para que mi mamá cocine. También le ayudo a mantener el fuego encendido mientras ella pela las verduras y prepara la comida rica. ¡Es divertido!” dice Brayan. “Cuando vamos a la chacra, me encanta dar de comer a los animales, picar la tierra, y escoger las mejores papas, y traerlas a casa para que todos coman.” Y la verdad es que esas papas nativas de las que disfrutan Brayan son infinitamente superiores a las que llegan a Lima.

 

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Y así, entre clases a distancia, ayudando en la chacra y mil y una labores más, el día se pasa rápido. Cuando Brayan hace su tarea al terminar el día, su mamá siempre está ahí para ayudarlo. Siempre leen la Biblia juntos por al menos 10 minutos antes de acostarse temprano y abrigarse bien, porque la temperatura baja abruptamente. Duermen en paz, y están contentos por el día que vendrá sabiendo que Dios los cuida y obra a través de personas como el personal del centro para animarlos y ayudarlos en este tiempo.  

 

“Esta pandemia ha sido mala, pero estamos muy agradecidos al centro por ayudarnos y por darnos tantas cosas siempre,” dice Brayan con una gran sonrisa en su rostro.

 

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Su mamá hace eco de su gratitud: “El tener al centro y su apoyo aquí es justo lo que necesitábamos ahora. Siempre hemos ido a la iglesia en nuestra comunidad, pero nunca hemos recibido este tipo de ayuda antes,” dice Reyna, quien ahora sirve como tutora del centro con un corazón dispuesto. “Me hace sentir útil al Señor y como que tengo un propósito en la vida. Le agradezco al centro por eso. Dios es bueno.”

 

  “La salvación de los justos proviene del Señor; él es su fortaleza en el tiempo de angustia”
Salmos 37:39.