“Marco requería ayuda extra en el colegio. Cuando la pandemia empezó, significaba que tenía que estudiar desde casa. Él y su abuelita estuvieron preocupados ya que necesitaba un dispositivo electrónico para tener acceso a sus lecciones y todo lo que su familia tenía era un celular viejo. La iglesia socia de Compassion le proveyó una sorpresa maravillosa: una tablet nueva.”

Después de ayudar a su abuelita Emilia a limpiar la casa y dar de comer a los pollos, Marco de 14 años se sienta para tomar desayuno. Él sigue mirando la hora mientras termina su avena para ver si ya son las 8 am. Emilia le sonríe mientras abre un cajón especial para sacar su posesión favorita. “Esta es mi parte favorita del día. Me encanta usar mi tablet,” dice. La clase de Marco está a punto de empezar.

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Con los colegios cerrados en Perú debido a la pandemia del coronavirus, aquellos que viven en pobreza enfrentan el gran reto de adaptarse a nuevas formas de aprendizaje. Usar una tablet o cualquier forma de tecnología es esencial para que uno siga avanzando en su educación. Sin embargo, estos dispositivos – incluso el uso de internet – son a menudo un lujo para familias que viven en pobreza. Las iglesias socias de Compasión están interviniendo para permitir a niños como Marco crecer académicamente.

 

Cuando Marco fue diagnosticado con un problema de aprendizaje leve a la edad de 6 años, Emilia no tenía mucha esperanza con respecto a su educación. “Me sentí impotente y triste porque sabía que no tenía los medios para hacer mucho por mi nieto,” dice. Ella es la cuidadora principal de Marco y también de María, la madre biológica de Marco, quien tiene esquizofrenia. “Cuando las hermanas de la iglesia vieron nuestras vidas, me animaron a inscribir a Marco en el programa. ‘Hazlo por él’ me dijeron,” dice Emilia. “Me alegra mucho haberlo hecho.”

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Así como criar pollos para la venta, y lavar ropa a mano para poder ganarse la vida, Emilia también tiene que lidiar con artrosis y diabetes, dejándola exhausta y batallando para poder mantener a su familia. Marco había estado asistiendo a una escuela pública donde estaba reprobando repetidamente y también siendo hostigado por sus compañeros.

 

“Es difícil para los profesores de colegios estatales dar ayuda personalizada a sus estudiantes. Cada clase tiene por lo menos 40 niños. Sabíamos que Marco necesitaba estar en un lugar diferente,” dice la directora del centro, Doris.

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Gracias a los Fondos de CIV (Intervención Crítica) de Compasión, la defensora del centro Lili inscribió a Marco en una escuela privada. Ella intercedió por la familia y la directora aceptó recibir a Marco por un costo menor, el cual es cubierto por el centro de Compassion.

 

Las calificaciones de Marco empezaron a mejorar, pero la pandemia empezó. De repente, tenía que aprender desde casa. Necesitaba un dispositivo electrónico para continuar sus estudios de manera remota. Emilia sólo tenía un celular viejo, y no sabía lo que iba a hacer.

 

Un día, las tutoras les pidieron a las cuidadoras que vengan a recoger sus canastas de alimentos al centro. Inusualmente, le pidieron a Emilia que Marco venga con ella. En el centro, Raquel lo recibió con una gran sonrisa.

 

“Le pedí a Marco que cierre los ojos y le dije que tenía una sorpresa,” dice. “Cuando le entregué su nueva tablet, saltó de gozo. La abrazó y prometió cuidarla, hacer toda su tarea y esforzarse mucho. Volteé a ver a Emilia. Estaba llorando y no lo podía creer.”

 

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El centro ha entregado hasta el momento 30 dispositivos. Tienen aplicaciones estándar instaladas para que los niños puedan hacer sus labores escolares, y el centro recarga los dispositivos con acceso a internet cada mes.

 

La vida de Marco es un testamento de la obra transformadora que realizan las iglesias socias de Compasión. “Le doy gracias a Dios por dirigirme a esta familia. Marco es tan entusiasta y tiene muchas ganas de aprender. Es muy positivo y está lleno de esperanza. Su vida es de aliento para todos nosotros,” dice Raquel.

 

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Emilia está feliz de ver progresar a Marco y no podría estar más agradecida. Ya que no puede vender muchos pollos debido a las restricciones de cuarentena, se apoya en las canastas de alimentos del centro, y también en los útiles escolares para Marco, para que la familia siga avanzando. “Las hermanas del centro son tan buenas. Son como madres para nosotros. Velan por nosotros, y siempre nos han dado la mano en el peor momento de nuestras vidas,” dice.

 

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Marco pasó el año escolar y ahora está en 5º grado. Aún no es claro cuando los alumnos regresarán a clases presenciales. Aun así, una cosa es innegable: Marco y su abuela saben que pueden seguir contando con el apoyo, la compasión y el amor del centro.

 

Él quiere ser ingeniero mecánico cuando sea grande. “Mi sueño es tener mi propio taller mecánico y construirle una casa de ladrillos a mi abuelita. También quiero ayudar a los más necesitados dándoles comida, ropa y herramientas para que puedan construir sus casas. Estoy agradecido por todo. Antes no podía leer ni escribir, ahora sí puedo. A veces, me gusta usar mi tablet más para las actividades del centro que para el colegio,” dice Marco, sonriendo.



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  “Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad...”
Gálatas 6:10.