“Noemi se está ganando un nombre como atleta excepcional y estudiante universitaria, gracias al apoyo de su madre y el centro de Compassion.”

Noemí tiene 18 años y solo mide 1 metro con 50 centímetros, lo que no impresiona a primera vista. Sin embargo, cuando la pequeña gigante, como la conocen, está sobre un tatami de judo, sus cualidades naturales florecen y la conducen a la victoria. Hasta ahora, Noemi tiene más de 20 medallas ganadas en campeonatos nacionales e internacionales. Ella atribuye su éxito a Dios, a su madre y a su centro de Compasión.

 

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Noemí llegó al centro a los 4 años; es la tercera de 5 hijos. Ante la ausencia del padre, su madre Alicia trabajó duro para salir adelante, vendiendo jugos y ensaladas de fruta cerca de un paradero. También se dio tiempo para ser voluntaria en el centro por varios años. “Algo que aprendí en el centro es cuán importante es el desarrollo integral de un niño, y yo quería ver eso en mis propios hijos,” dice Alicia. “El centro ofrecía amor, cuidado, calidez y dedicación en el servicio a los niños. Se convirtió en un refugio para nosotros”.

 

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Noemí pasó sus primeros años estudiando y asistiendo al centro, creciendo en su fe. Alicia creía que su hija podía sobresalir a través de sus excelentes calificaciones, así que, cuando enteraron de un notable colegio estatal cercano, Noemí postuló y logró obtener una vacante. “Tenía 11 años y no sabía nada sobre judo antes de ingresar a este colegio. Mis estudios eran mi único enfoque. Después que mi entrenadora vio mis habilidades y aptitudes físicas, me dijo que tenía un gran futuro, y empecé a soñar,” dice Noemí.

 

Las clases y los entrenamientos coparon su horario, pero Noemí estuvo a la altura del desafío. “Iba a clases en las mañanas, entrenamiento de judo en las tardes, y también tenía clases en el centro los fines de semana, pero nunca desaprobé ningún curso,” dice Noemi. “Hubo momentos donde sentía que iba a desmayar, pero tenía que creer que todo lo puedo en Cristo que me fortalece para seguir adelante.”

 

Unos meses después, Noemí participó en su primer torneo de judo internacional. “Obtuve el tercer lugar, y me marcó. Recuerdo que me entrevistaron y lo vi en el periódico mural del colegio meses después del evento. Cuando vi mi nombre y mi foto en el periódico, me dio un gran impulso,” dice.

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Un día, le estaba escribiendo a su madrina. “Le estaba contando en la carta que iba a viajar mucho. No me habían dicho nada sobre ningún viaje todavía,” dice sonriendo. “Sólo tenía fe que iba suceder.” Y así fue: ha representado a Perú en diferentes campeonatos de judo en Argentina, Colombia, República Dominicana, México, Panamá, Paraguay y España.

 

Noemí y su madre recuerdan muy bien su primer viaje. “Necesitaba una maleta, zapatillas, ropa deportiva y permisos notariales para viajar al extranjero,” explica Alicia. “El centro nos ayudó con esos gastos. Recuerdo que esto hizo sentir a mi hija muy segura y respaldada”.

 

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Noemí está comenzando a ver el fruto de su gran esfuerzo: ahora es estudiante universitaria, y va detrás de un título en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Se le otorgó una media beca por ser una atleta de alto rendimiento, y también se unió al Centro de Alto Rendimiento de Perú (VIDENA), donde vive, entrena y asiste a sus clases de manera remota.

 

Los últimos logros de Noemí han sido ganar la medalla de oro en los Juegos Panamericanos Junior 2020 en Guadalajara, México, en noviembre, y en la Copa Panamericana Junior 2020 en Lima, Perú, en diciembre. “Siempre oro por protección y fortaleza antes de una pelea. Dependo de Dios. Mi meta a largo plazo ahora es ir a las Olimpiadas en París en el 2024,” dice Noemí.

 

Compasión sigue caminando junto a ella y a su familia: ahora ayuda a Noemí con parte del costo de sus estudios y otros gastos. Además, Alicia fue escogida para una iniciativa de generación de ingresos que le ayudará a mantener a su familia, y también continúa sirviendo en el centro como tutora de un grupo de adolescentes.

 

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Alicia es el ejemplo de perseverancia, sacrificio y resiliencia para Noemí. “Admiro a mi madre. Ella me inculcó que debo dar gracias a Dios por todo lo que logre,” dice Noemí. “Tengo una meta clara. Sé que puedo lograrla y retribuir todo lo que mi mamá ha hecho por mí. Quiero que mi familia tenga una mejor calidad de vida.”

 

A diferencia de miles de familias afectadas por la pandemia, Alicia mantiene una actitud positiva, llena de gratitud. “Ha sido el mejor año para nosotros. Dios nunca nos dejó y Él nos cuidó. He visto la gloria de Dios en mi familia, y sólo el Señor puede hacer eso,” dice.

 

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 “Pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas;”
Isaías 40:31.