“Alejandra es madre soltera. Ella comparte como lidió con el no poder trabajar ni proveer para su hijo Samuel durante la cuarentena. El cuidado y apoyo constantes del centro de Compasión continúan sosteniéndolos durante esta época desafiante.”

Cuando la cuarentena fue anunciada el año pasado, pensé que sólo iba a durar 15 días, tal vez un máximo de 30 días. Nunca imaginé que iba a ser así por el resto del año.


Soy madre soltera. Samuel tiene 11 años, y es mi único hijo. Su padre lo reconoció, y después se fue. Recientemente llamó y dijo que había sido infectado con el COVID-19; quién sabe ahora cuándo Samuel podrá verlo otra vez. Solía visitarlo una vez al año.


Antes, la gente me llamaba para limpiar sus casas. Cuando empezó la pandemia, nadie más me llamó, y ya no tenía ingresos.

 

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Esto no sólo nos afectó financieramente sino emocionalmente. Mi hijo estaba aterrado. No quería que salga de la casa porque yo soy todo lo que tiene. Un día, me demoré más de lo usual. Samuel estaba al borde de las lágrimas cuando finalmente llegué: había pensado lo peor. Le dije que Dios nunca nos va a dejar y que siempre nos protegerá. Quiero que aprenda a confiar en Dios.

 

No sabía lo que íbamos a hacer, pero un día, recibimos una llamada del centro de Compasión: nos iban a dar una canasta de alimentos. ¡Sentí una alegría inmensa! ¡Oramos en ese momento y le dimos gracias al Señor!

 

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Pensé que esto iba a ser una sola vez, pero siguieron llamándonos para darnos más canastas. ¡Papito Dios proveyó a través del centro! Es gracias a su apoyo que nos hemos sustentado todo este tiempo.

 

 

Samuel estaba asombrado por lo que recibíamos: por el precio, a veces no podemos comprar algunas cosas como la quinua.

 

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Él estaba tan feliz y animado que empezó a sacarse buenas notas en el colegio otra vez. Quiere estudiar mecatrónica o ingeniería civil cuando sea grande. Arma y desarma sus carritos de juguete todo el tiempo. Está sonriendo otra vez, y eso me hace feliz.


Sin el apoyo del centro hubiera sido muy difícil. El no tener trabajo sigue siendo desafiante, pero sabemos que podemos contar con el centro. Mi único trabajo ahora es orar por todos los patrocinadores.

 

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Samuel dice que está agradecido porque a pesar de esta crisis, no se olvidaron de nosotros. Él quiere que su madrina sepa que ora para que Dios la cuide, la bendiga y le de buena salud. Dice que extraña escribirle cartas.


El tener comida es una necesidad básica. Compasión ha estado por nosotros durante este tiempo, y por todos los niños del centro. Estamos agradecidos por todo lo que hacen. ¡Dios los bendiga y a sus familias! Les agradezco de corazón.

 

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 “Por eso, mi Dios les dará todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús.”
Filipenses 4:19
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