“Aparte de seguir proveyendo atención médica, protección a la niñez y apoyo en educación, una de las áreas principales en las que Compasión Perú se enfocará en el 2021 es la generación de ingresos. Cindy y Doris son dos madres empoderadas, entrenadas para aprender una habilidad que les está ayudando a sustentarse, hacer una diferencia en sus vidas y la de sus familias.”

Nadie pudo haber predicho el caos y los retos que trajeron el último año: recesión económica, pérdida de empleos, cortes salariales para trabajadores de bajos ingresos e independientes, por mencionar algunos.

 

“Nuestras iglesias socias han sentido nuestro acompañamiento tangible en el 2020. Desafortunadamente, los padres se ganan la vida trabajando del día a día en los campos o vendiendo cosas o comida en las calles. Las familias de bajos recursos no tienen ahorros,” explica el Gerente Senior de Soporte de Programa, Juan Carlos Palacios.

 

Por ello, una de las áreas principales en las que Compasión se enfocará en el 2021 es crear oportunidades para generar ingresos. “Ha sido una situación complicada para todos, pero ya empezamos a trabajar en esto. El plan es repotenciar y reforzar estas iniciativas e involucrar a más padres,” dice Juan Carlos.

 

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Taller de Costura  

Rosa C. es la directora del centro de Compasión Fuente de Bendición, el cual sirve a 412 niños en el norte de Perú. Abrumada por los desafíos en frente de ella, Dios la hizo ver una oportunidad para ayudar a los niños y sus familias durante este tiempo inesperado.

 

“Me di cuenta de que teníamos máquinas de coser malogradas en la iglesia. Dios puso en mi corazón el implementar un taller. Vi un salón lleno de mamás en necesidad aprendiendo a usar sus manos y proveyendo para sus familias,” dice Rosa C.

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Rosa C. sabía que el enseñar a las mamás a coser podría ser una habilidad útil durante este tiempo desafiante. “Me encanta coser, y yo lo he experimentado en mi propia vida. Es una forma de alivio cuando las cosas se ponen duras. Siempre habrá alguien que necesita una basta o un cierre, y poco a poco, empiezas a ver una entrada,” explica.

 

Cindy fue una de las primeras 46 mamás que se apuntó para el taller, libre de costo alguno, gracias a Compasión. “Ella siempre estuvo dispuesta a aprender, puntual en cada clase y se esforzó bastante. Me alegré y me sorprendí cuando fui a visitarla a su casa y vi todo lo que puede hacer ahora,” dice Rosa C.

 

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Cindy registró a su hija de 8 años, Fabiana, en el centro cuando era sólo una bebé. Su esposo trabaja en los cultivos de arándanos. “Las cosas eran difíciles para nosotros; mi esposo no trabajó por todo un mes. Estábamos batallando,” dice Cindy.

 

El taller de costura fue su salvación. “Sigo aprendiendo, pero he mejorado mucho gracias al centro, y a Rosa, quien fue nuestra primera maestra. Ahorré lo suficiente para comprar mi propia máquina. Es usada pero aun puedo hacer cosas bonitas como fundas de almohada, mascarillas, manteles, peluches, adornos navideños y otras cosas. Hasta los vecinos me hacen pedidos,” dice Cindy, sonriendo.

 

“Hay momentos donde hay que luchar para proveer para nuestros hijos. El centro me ha ayudado bastante, especialmente durante la pandemia. Nos han dado muchas canastas de alimentos y ahora, a través de mi trabajo en costura, puedo darles a mis hijas lo que necesitan. Gracias por tener ese corazón de ayudar a la gente. Que Dios los siga bendiciendo,” dice Cindy.

 

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 Taller de Biohuertos

Ubicado a casi 3,500 pies de altura sobre el nivel del mar, el centro de Compasión Semillas de Jesús asiste a 420 niños. La desnutrición se había convertido en un gran problema en esta comunidad. Además, el desempleo masivo durante la pandemia aumentó la carga de todas estas preciosas familias.

 

La directora del centro, Rosa F., y su equipo tuvieron una idea que provino de Dios. “Les dimos semillas a las familias, para que cultiven sus propias verduras en casa,” dice. “También contratamos a un técnico que les hace seguimiento para asegurarnos que todo está hecho correctamente. Empezamos con 160 mamás, pero ahora tenemos más. Ellas tienen todo el material que necesitan, gracias a Compasión,” dice Rosa F., sonriendo.

 

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Doris es una de ellas y está agradecida de que su hija Sully fuera registrada en el programa de patrocinio hace cuatro años. “Si no fuera por el centro, nadie más nos ayudaría. Estábamos desesperados. El pasar por esto y no poder trabajar ha sido muy difícil. No sabíamos qué hacer,” dice.

 

Con su biohuerto, Doris y su familia han cultivado verduras como rabanito, acelga, betarraga, lechuga, culantro, pepinillo, zapallo, brócoli, tomates, coliflor, apio, y cebolla china. “Es muy emocionante verlos sembrar, cosechar y hasta vender sus verduras. Las familias se sientes animadas y optimistas. Es hermoso,” dice Rosa F.

 

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La pequeña Sully, de 8 años, también participa: “Yo echo el abono orgánico y riego planta por planta. Es fácil. También puedo hacer mis propias ensaladas con lechuga, pepinillo, sal y limón. Como muchas verduras para estar fuerte y saludable,” dice Sully.

 

Para Doris, esta nueva habilidad le ha dado esperanza y la hace más que agradecida. “No sabía nada sobre cultivar, pero sí estaba dispuesta a aprender. ¡Es una gran oportunidad! Ahora estamos aprendiendo a hacer invernaderos,” dice sonriendo.  “Ya no tengo que ir al mercado para preparar las comidas. Sólo voy a mi jardín y saco lo que necesito. Es una bendición de Dios.”

 

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 “Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
Salmos 46:1
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