“Han pasado dos años desde que los hermanos gemelos, Isaac y Marcos, perdieron a su madre al nacer. Su centro de Compassion estuvo con ellos entonces y sigue con ellos ahora, apoyándolos en todos los aspectos y dándoles esperanza.”

Hacer malabares entre los estudios y cuidar a sus hermanos gemelos de 2 años, Isaac y Marcos, mientras su padre Honorato busca trabajo se ha convertido en la nueva normalidad para Ester de 21 años. Ella está tratando de terminar sus estudios a distancia. Es típico para ella chequear a los dos niños en horas de clase.
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Un día, ella fue a ver por qué estaba llorando Isaac. Mientras intentaba calmarlo, de repente escuchó a personas riéndose. “Marcos había prendido la cámara en la laptop y estaba saludando a todos mis compañeros de clase. Hasta le dijo papá a mi profesor. Me disculpé, todos entendieron, y nos reímos todos juntos después,” sonríe Ester.

 

Son momentos como estos los que ayudan a Ester a mantenerse gozosa y a lidiar con la realidad. A su temprana edad, se ha convertido en la cuidadora principal de sus dos hermanos menores.

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“Uno nunca sabe lo que va a suceder. Después del fallecimiento de la mamá de mis hermanos, tuve que dar ese paso y ver por ellos. No es fácil, pero los quiero mucho. Me dan otra razón para seguir adelante,” dice Ester.

 

Han pasado dos años desde que aquella tragedia visitó a esta familia y borró la sonrisa de sus rostros. Para empeorar las cosas, la pandemia del COVID-19 vino a golpear más fuerte a las familias más vulnerables.

 

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“El no tener trabajo constante es un problema, y no estábamos preparados para una crisis como esta,” dice Honorato. “Las cosas se complicaron para nosotros y estábamos desanimados. No sabíamos cómo íbamos a sosteneros.”
 

“Hacemos lo mejor que podemos. Mi papá tiene trabajos eventuales. A veces no es suficiente, pero el centro de Compassion siempre ha estado ahí para nosotros,” dice Ester. Ella y su familia saben que no tienen que emprender este difícil viaje solos.

  

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El cuidado y apoyo inalterable del centro le ha dado a esta familia la habilidad de mantener la esperanza viva y perseverar en medio de sus circunstancias.

 

Los pequeños Isaac y Marcos están llenos de vida y energía, ajenos de lo que sucede a su alrededor. Ellos simplemente se sienten amados y protegidos por su hermana, su papá y su centro de Compasión.

 

“Disfrutan mucho armar torres con sus cubos. Cuando acaban, me miran para que les aplauda. Una vez que lo hago, las derrumban y empiezan otra vez. Es muy lindo,” sonríe Ester. “Los dos comparten un padrino. Cuando les leo sus cartas, le dan un besito a su foto y vuelven a jugar.”

 
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“Mis hijos están bien y saludables. Son niños felices. Estamos más que agradecidos al centro por todo su apoyo durante este tiempo. Gracias a todos por compartir la bendición con nosotros siempre,” dice Honorato.

 

“Les hemos estado dando alimentos, pañales, apoyo espiritual y emocional, y hasta la hemos orientado a Ester en su nuevo rol de cuidadora,” dice Enoc.


Enoc, el director del centro, dice  que la vida de esta familia ha sido transformada desde la primera vez que los conoció.
“Estaríamos muy limitados en lo que podemos hacer por la gente sin Compassion. El pensar en el antes y después de estos niños es increíble. Les dimos una luz de esperanza cuando parecía que no tenían esperanza.”

 

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“Estoy agradecida que la gente del centro exista. Nunca nos hemos sentido solos, y traen gozo a nuestra casa a través de su amabilidad, visitas, llamadas, oraciones y generosidad,” dice Ester. “El ver a mis hermanos sonreír me hace feliz.”

 

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 “Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza,
nuestra ayuda segura en momentos de angustia”.
Salmos 46:1
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