“El techo en la casa de Miguel y William se había deteriorado, exponiendo a su familia al peligro e inclemencias del clima frío. Cuando el proyecto de Compassion se enteró, instalaron un nuevo techo inmediatamente, proveyéndoles protección, dignidad y un hogar seguro.”

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Miguel de 21 años y William de 19 fueron inscritos en el proyecto de Compassion cuando eran pequeños. Su madre, Demetria, los trajo de la sierra a Lima junto con su hermana buscando mejores oportunidades. En ese entonces, los chicos estaban pequeños. “Estaba buscando una iglesia, y me animaron a registrar a mis hijos en el proyecto de Compasión,” recuerda Demetria. “No sabíamos mucho, pero sabíamos que les iban a dar almuerzo gratis, y especialmente me gustaba porque sabía que estarían involucrados en una iglesia,” sonríe.

  

Pero la vida en la capital no es fácil y en quince años, sólo habían podido cambiar el techo una vez. Los chicos se acostumbraron a mover su camarote para evitar las goteras y el agua que caía a través de los huecos oxidados del techo. “No sabía cómo, pero sabía que necesitábamos hacer algo,” dice Miguel. Los jóvenes y su familia estaban en riesgo de enfermarse con gripes severas e infecciones respiratorias, ya que estaban expuestos al clima invernal.

 

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Cuando el techo estaba haciendo la casa insostenible, Demetria se acercó al personal del proyecto. “No sabía si iban a poder ayudarnos esta vez, sabemos que la pandemia está afectando gravemente a todos,” dice.

 

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Pero el personal del proyecto no dudó en ayudarlos. “Fuimos a ver la casa. El techo estaba considerablemente dañado. El óxido y los gatos callejeros habían hecho muchos huecos, inclusive vi restos y pedazos del techo en el piso. Este era un asunto urgente,” dice Héctor, el director del proyecto. Así que pronto una camioneta se detuvo frente a la casa, trayendo calaminas nuevas. Miguel y William ayudaron a descargar el material de inmediato. “¡Nos sorprendimos mucho! Sólo habíamos planeado tapar los huecos, pero nos ayudaron a cambiar todo el techo,” dice Miguel.

 

 

“Si viera a mi madrina en persona, seguramente me pongo a llorar. Cuando he necesitado algo que mi mamá no podía darme, sentía que Dios me decía ‘Acá estoy’ a través de mi madrina. Dios la ha usado mucho para bendecir mi vida,” dice William.

 

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Los hermanos siguen creciendo en su fe – ahora sirven en la iglesia desde su casa. “Hacemos videos para los niños de la escuela dominical. Queremos que conozcan al Dios que nosotros conocemos. Hemos recibido tanto, y queremos dar también. Servir a Dios nos hace felices y lo hacemos con corazones agradecidos,” dice William.

 

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“A veces hacemos nuestro devocional juntos,” dice Miguel. “Estamos agradecidos por el apoyo del proyecto todos estos años. Dios verdaderamente a bendecido a mi familia a través de ellos. Nos sentimos más protegidos y tranquilos.”

 

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 “ Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”.

 Filipenses 4:19