“A Diana y a Liliana se les dio la oportunidad de operar la planta de agua en el centro de patrocinio de sus hijos. Su trabajo les genera un ingreso y también bendice a la comunidad con agua segura y purificada.”

El municipio de Tamarindo, ubicado en la costa norte del Perú, tiene unos 4,500 habitantes y un problema crítico: la falta de agua limpia. Como en muchos lugares de nuestro país, esta comunidad no tiene acceso al agua potable, solamente a la del río, cuya contaminación causa constantes problemas de salud. Los niños, por ejemplo, enferman frecuentemente de parasitosis. Esta es una de las razones por las que el Pastor Vicente solicitó el apoyo de Compassion, pero sus inicios no fueron fáciles. Las familias no conocían el programa y pensaban que se iban a llevar a los niños.

 

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“Hubo padres que ya habían registrado a sus hijos en el programa, pero nos pedían que les devolvamos sus papeles porque los rumores eran fuertes, y tenían miedo,” dice Gladys, la directora del centro. “Tuvimos que ganarnos la confianza de la gente aquí. Los intentos de otras iglesias para empezar algo aquí no prosperaron, y el evangelio no era bien recibido. No fue fácil.”

 

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 Hoy, es una historia diferente. El centro está alcanzando y proveyendo cuidado integral a 270 niños desde hace cuatro años. Una de las formas como la iglesia socia de Compassion está transformando sus vidas, es a través de la provisión de agua segura.

 

Esta planta para purificar agua fue construida a través de un fondo especial de Intervenciones Complementarias (CIV). Ahora es operada por dos madres de la comunidad: Diana y su amiga Liliana. Ambas tienen a sus hijos inscritos en el proyecto de Compassion. Dos veces a la semana, las dos dejan sus casas muy temprano, para ir a la planta y procesar agua suficiente hasta llenar los bidones de 20 litros, que usan para la distribución. Se pueden llevar algunos bidones a casa, y el resto se usa para servir al pueblo de Tamarindo. 

 

  La iglesia socia ha establecido alianzas con las autoridades locales. “A cambio de agua, la policía da sus vueltas por nuestras instalaciones y nos ayudan con trámites. También hemos distribuido agua al centro de salud, al colegio y hasta a personas en el ejército durante la pandemia,” dice la directora Gladys. Además, los niños del proyecto han salido todos libres de parásitos en el último control.

 

Después de ser testigos de primera mano del trabajo excelente que hace el centro por los niños y la comunidad, Diana y Liliana decidieron dar su tiempo para ser voluntarias, y una de sus responsabilidades es operar la planta de purificación de agua.    

 

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“Me asombró cuando el pastor Vicente me pidió que ayude con la planta. No sabía que podía operar esas máquinas grandes y esos filtros. Me siento útil, y es una gran bendición para mi familia,” dice Diana, cuyo hijo Jack de 6 años está en el programa.

 

Diana y Liliana reciben una pequeña compensación al mes por operar la planta. Cuando se reúnen en las mañanas para su día de labores, recuerdan el viaje que han tenido hasta ahora.

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“Me alegra tanto haber registrado a Félix y a Jhon Carlos en el programa. Esto ha ayudado mucho a mi familia. No teníamos agua ni electricidad hace unos años, pero siento que estoy progresando en la vida. Es bonito ver a mis hijos aprender tantas cosas. Se quieren lavar las manos todo el tiempo, con mucha agua y jabón, me dicen,” sonríe Liliana, quien es madre soltera.

 

 “No creo que hubiéramos tenido esta oportunidad en otro lugar. He podido ayudar a mi familia de tantas maneras a través de este trabajo. Ahorramos dinero al no hervir el agua porque nos dan agua gratuitamente en el centro. Es una gran bendición, se preocupan por nosotros, y estamos muy agradecidos por ellos.” 

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 “ El da la lluvia sobre la faz de la tierra, y envía las aguas sobre los campos”.

Job 5:10