“Una viuda y madre soltera de tres hijos estaba a punto de ser echada por no pagar la renta. La iglesia socia de Compassion intervino a tiempo trayendo gozo y seguridad a esta familia durante la pandemia.”

Es otra hermosa mañana en la selva del Perú. Las calles vacías y la lluvia calmante hacen que todo se vea pacífico y tranquilo. Pero mientras el personal del Centro de Compassion hace llamadas para chequear el bienestar de los niños y sus familias durante la crisis del Covid-19, se enteran de algunas noticias alarmantes.

 “Andrea y sus hijos están a punto de ser desalojados del lugar donde viven” anunció preocupada la directora de proyecto Jemima Calderón.

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Andrea es una viuda y madre de tres hijos. El menor, Messaret, se unió al programa de patrocinio cuando era pequeño. El esposo de Andrea murió en un accidente de trabajo hace seis años, cuando se electrocutó. Como era un empleado informal- los que suman el 73 % del mercado laboral del Perú- es casi imposible recibir compensación o apoyo del empleador.

 

 Con tres hijos que criar y sostener por su cuenta, la situación de Andrea parecía desesperada. La iglesia socia de Compassion les proveyó asistencia justo en el momento correcto. “La iglesia me ofreció ayuda cuando supieron que mi esposo murió, y entonces fue cuando mi Messaret fue inscrito en el programa de Compassion” dice Andrea con profunda gratitud.

 

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Antes de la pandemia del Covid-19, ella se sostenía vendiendo arroz con leche y mazamorra morada en las calles mientras sus dos hijos mayores trabajaban en construcción. Todos comparten un camarote y rentan una pequeña habitación. Sin embargo, como la pandemia afectó su ingreso, poner un pan en la mesa se ha convertido en una lucha, y mucho más pagar la renta.

 

“El dueño seguía advirtiéndome y recordándome el pago cada mes. Estaba desesperada y no sabía qué hacer” dice.

 

Una vez más, la iglesia socia de Compassion vino al rescate. La directora de proyecto Jemima, hace un reporte mensual del bienestar de los 340 niños y sus familias en su proyecto. “Hablé con nuestro facilitador. No queremos ver a ninguno de nuestros niños sin refugio, y Andrea necesitaba nuestra ayuda, justo en ese momento”, dice.

 

Jemima fue a la casa de Andrea con el dinero suficiente para cubrir dos meses de renta. Andrea no estaba preparada para este acto de compasión. “Me quedé muda. No sabía cómo decir gracias por ayudar a mi familia de nuevo” dijo, mientras las lágrimas llenaban sus ojos. Messaret también estaba rebosante de gratitud. “Estoy muy feliz. Gracias, gracias a todas las personas de la iglesia y a mis padrinos”.

 

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“Si Andrea y sus hijos no pueden volver a trabajar en los próximos meses a causa de una extensión de la cuarentena, seguiremos apoyándolos”, dice la directora de proyecto Jemima.

 

A través de los años, el personal de la iglesia socia de Compassion ha sido una fuente de apoyo, fortaleza y ánimo para Andrea y su familia. “No puedo trabajar ahora, la situación es difícil, pero ellos me han estado dando comida también. Siempre me visitan y me ofrecen una ayuda” dice Andrea. “Mi hijo está ansioso de regresar al proyecto. Le encanta estar allí”. 

 

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 “El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes..”

Deuteronomio 31:8