“Después de que los padres de Nicol perdieron sus trabajos en Lima por la epidemia del Covid19, la abuela Esperanza se ha estado apoyando en la ayuda del proyecto para alimentar a sus nietos en la selva peruana.”

Es hora de desayunar para la joven Nicol de 14 años y sus primos menores. Ellos bostezan, se sientan en la mesa, se miran unos a otros y se preguntan qué van a comer esta vez. Nicol mira hacia afuera a través de la ventana y se da cuenta que, a lo lejos, alguien cargando una bolsa, está subiendo a su casa. Sus primos curiosos se levantan con ella y comienzan a saltar de la alegría.


“¡Creo que nuestros padrinos están mandándonos víveres otra vez! Justo se nos acaba de terminar la comida que teníamos” dice una llorosa Nicol mientras va hacia su abuelita Esperanza Sánchez y la abraza.

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Nicol y tres de sus cinco primos están inscritos en el Programa de Patrocinio. Sus padres se fueron a la capital buscando mejores oportunidades de trabajo hace unos 8 años, pero sus planes de mandar dinero a doña Esperanza para alimentar y educar a los niños se vieron interrumpidos por la pandemia del Covid-19.

 

“Ellos no pueden mandar nada ahora, porque no tienen trabajo. Se me rompe el corazón escuchar a mis nietos llorando porque tienen mucha hambre” dice Esperanza con voz quebrada.

 

 La extensión del estado de emergencia en Perú y los 80 días de cuarentena han limitado severamente la capacidad de proveer y poner comida en la mesa de la mayoría de los hogares peruanos. Sin ninguna duda, los más pobres son los más duramente afectados.

 

“Los padres nos llamaron y estaban desesperados. Las tiendas de abarrotes están experimentando escasez y lo que queda es demasiado caro” dice el director de proyecto Alfredo Fernández.

 

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“No sé qué va a pasar porque nuestros padres eran los que nos mandaban dinero. Cuando esto comenzó, me preguntaba de dónde iba a venir nuestra próxima comida” dice una preocupada Nicol.

 

Esperanza y sus nietos representan solo una de las 379 familias que este Centro de Compassion está sirviendo y apoyando en esta zona durante este tiempo difícil. “La necesidad es grande, pero estar presente para esas familias es un gozo y una bendición. La Palabra de Dios dice que debemos ayudar a nuestro prójimo y a aquellos en necesidad. Gracias a Compassion y a nuestros patrocinadores, podemos hacerlo”, dice Alfredo.

 

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“¡Estoy tan feliz cuando ellos nos traen comida! Me encanta ver a mi abuelita y a toda mi familia feliz también” dice Nicol mientras guarda los víveres que el proyecto trajo y comienza a compartirlos y a servir algo de comida a su familia.

 

Los proyectos de Compassion continúan entregando comida a muchas familias en esta hermosa comunidad de la selva peruana. El personal se siente bendecido y disfruta de ver que estas preciosas familias reciben cuidado, pero a veces los protocolos de distanciamiento social son difíciles de obedecer.

 

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Cuando no teníamos mucha gente infectada en nuestra área, los niños corrían hacia nosotros cuando ellos nos veían ir a sus casas. Ahora tenemos que llamar a sus mamás para hacerles saber que vamos a ir de modo que podamos mantener nuestra distancia. Aún así, ellos nos esperan a mitad del camino y es muy difícil no abrazarlos. Los niños realmente extrañan el proyecto”, dice Alfredo sonriendo

 

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La gratitud de Nicol hacia el proyecto de Compassion y sus padrinos es sincera. “Ellos son una gran bendición para nosotros, sé que son personas maravillosas porque tienen un gran corazón. Ya no estamos tan preocupados y estamos orando por ellos” dice Nicol.

 

“Dios nunca nos olvida y estoy eternamente agradecida al proyecto, al pastor y a los padrinos. Que el Señor los guíe y los bendiga a todos. Tengo algo con qué alimentar a mis nietos ahora. Gracias por darnos nuestro pan diario” dice Esperanza con las lágrimas asomándose a sus ojos.

 

 

“Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”

Filipenses 4:19